"De la conducta de uno depende el destino de todos". Es una frase que le da luz a la responsabilidad que tenemos al formar parte de una sociedad, pues desde el inicio la humanidad se ha beneficiado de la relación y unión de cada uno con los demás, beneficio que se ve reflejado en la satisfacción de las necesidades, el entorno social, el cuidado de la naturaleza, así como en la voluntad de crear y conservar grandes cosas.
Ser sociales es una parte natural en nosotros y es una de nuestras fortalezas, de la misma forma somos seres que buscan llenar su existencia de valores que nos permitan obtener y mantener un estado de bienestar el cual nos lleve a experimentar la felicidad, entendida ésta como un sentimiento de dicha, necesariamente reconocido de manera personal, en el que, a pesar de no tener todo lo que deseamos y de padecer las enfermedades propias del cuerpo humano, tenemos certidumbre en el presente y en el futuro, podemos disfrutar los momentos que nos da la vida, estando en paz con nosotros mismos, con los demás seres humanos y con lo que nos rodea. Solo tendremos posibilidades de adquirir esa felicidad si estamos dentro de una sociedad saludable.
Una sociedad sana no surge de la noche a la mañana, una sociedad conformada de acuerdo con nuestros deseos no puede ser construida por un solo individuo ya que en la búsqueda de los ideales sociales la voluntad de muchos está involucrada, de allí que una sociedad saludable esté hecha por individuos capaces de trabajar en equipo, de mejorar el presente, construir el futuro, reconocer el peligro y evitarlo, siempre respetando esos valores que enriquecen nuestras vidas de diversas formas.
Tener una sociedad sana no es fácil, requiere de la unión de muchos individuos con buena voluntad. Reunir todas esas voluntades y mantenerlas unidas para lograr un fin común y benéfico es en cualquier sociedad la medicina a la gran mayoría de las necesidades, es el alimento para todas esas hambres que aquejan a la gente que por mucho tiempo ha tenido en la boca un clamor por nuevos y mejores días. Las sociedades necesitan, como el cuerpo necesita de nutrientes, de un tipo de personas: de esas que quieren dar lo mejor de sí al mundo y a la sociedad. Siempre se ha necesitado de ese tipo de gente idealista, repleta de sueños y de grandes esperanzas. Un buen corazón siempre ve por su hermano de raza y sus compañeros de mundo, hacer el bien y mantener la paz, son síntomas de una buena salud.
Para construir y mantener esa sociedad que queremos tenemos cuatro valores que de ninguna manera son absolutos pero que son perdurables y se reflejan en los quehaceres importantes de las sociedades a lo largo de la historia, estos valores son la dignidad, la eficacia, la empatía y la razón. Los cuales han demostrado ser dominantes, resistentes, correctivos e inclusivos, pues para los buenos fines se llega a través de ellos a la justicia, la igualdad, la libertad, la solidaridad, la tolerancia y otros valores. También tenemos la ley que debe funcionar para todos amparando nuestros derechos y siendo que la ley debe venir de abajo hacia arriba, pero respetada y acatada desde arriba hacia abajo, no es una afirmación hueca decir que si no se respeta la ley por todos y por igual no podremos alcanzar una sociedad saludable. La ley trata de ponernos a todos en un mismo nivel, pero también debemos entender que nadie es igual a otro y eso es muy claro, pues incluso dentro de nuestra propia familia hay diversas opiniones y formas de comportarse y siempre, en una sana relación familiar, se superan todas esas diferencias con una razón dignificada que se vuelve tolerancia, que es el respeto por todas las personalidades y los estilos de vida, sin necesidad de crear una legislación sobre la convivencia familiar. Dentro de las relaciones humanas podemos confirmar que la tolerancia trae la paz, una paz que proviene de un ejercicio personal de aceptación de uno mismo lo que facilita el reconocer y aceptar a los demás permitiendo la diversidad, que no debería tener otras consecuencias aparte de las que trae con sigo el elegir libremente lo que deseamos. Los cuatro valores y la ley son los que deben regir en nuestra convivencia con los demás, los valores cubren esos espacios que la ley no puede ni debe llenar, una vida social alimentada con valores y el respeto a la ley es un medio para tener un mundo y una vida mejor.
Es fácil desear una sociedad sustentada por el respeto a la ley y esos cuatro valores, pero es un reto y un gran compromiso el luchar por tenerla, lo que nos obliga desde este instante a basar nuestra vida en la práctica virtuosa de ese cuarteto valioso, dándole su lugar a las leyes luchando contra las injusticias sin tolerar de ninguna manera actos de abuso y descaro, comprendiendo que cuando hace viento y llueve cerca es posible que llueva sobre nosotros también. Sabemos que no es suficiente sentir descontento e indignación por los actos abusivos de muchos otros, trabajemos por dar fin a todo tipo de injusticias que cualquiera corre el peligro de sufrir, incluso de realizar.
Un gran esfuerzo bien aspectado y dirigido siempre da grandes resultados y llegar a ser beneficiados por una sociedad saludable requiere de ese tipo de esfuerzos. Tener la sociedad que queremos es una meta muy real y dentro de nuestras posibilidades de éxito, por ello no debemos dejar que nuestra motivación se debilite, debemos seguir luchando incluso contra nosotros mismos, no debemos permitirnos claudicar, debemos mostrar nuestro verdadero potencial, un potencial que nos llevará al éxito común. Nuestra pasividad ha sido como una nube para que todas nuestras posibilidades de evolucionar brillen plenamente. Todos sabemos que merecemos un mundo mejor pero ya sea por omisión o acción de las fuerzas propias o ajenas, exteriores o internas nos vemos imposibilitados de forjarlo. La sociedad que queremos puede surgir del esfuerzo de todos, allí, dentro de la unión de voluntades el esfuerzo de cada sujeto tiene posibilidades de dar frutos, de brillar plenamente.
Personalmente quisiera estar en una sociedad más estable, que quizá no sea perfecta pero que, por lo menos, produzca los mejores resultados humanamente posibles: que todos tengamos servicios de salud que nos den tranquilidad sobre las enfermedades y accidentes que podemos sufrir; quisiera estar en una sociedad que dé más atención a la educación apartándonos de la ignorancia y las consecuencias de ésta, que nos enriquezca en cultura y saberes que nos hagan conocedores en cuestiones artísticas y científicas que nos permitan comprender profundamente a la naturaleza y a la humanidad, haciéndonos más respetuosos del mundo y de los otros seres humanos, en fin, quisiera estar en una sociedad mejor que me permita tener certidumbre sobre la vida, salud y seguridad de mi gente y la mía, así como de mi patrimonio, que me ayude a no temer por el futuro. Se vale soñar con todas estas cosas, ya que no cuesta nada y nos da esperanzas en muchos ámbitos de la vida social e individual. El sueño precede al acto, no debemos conformarnos con los sueños, siempre podemos hacer más.
Dicen que mientras haya vida hay esperanza, pero la vida es tan corta como para aplazar las cosas importantes, la esperanza existe únicamente cuando se trabaja en eso que se espera lograr, que es una sociedad mejor. El presente siempre es el mejor momento para empezar a construir, para edificar todos juntos ese monumento hermoso y magnífico que todos soñamos y, aunque no se verá a simple vista, estará allí para reconfortarnos y recordarnos que ningún esfuerzo es en vano.
Considerando todo lo anterior, he de terminar con esto: religiosa y científicamente se ha declarado un origen común de todos nosotros; se ha dicho que los seres humanos fuimos hechos a imagen y semejanza del creador, que somos hijos de dios y todos tenemos un solo destino que es volver al que nos creó. Investigaciones remontan nuestros orígenes a alguna parte de África subsahariana, haciendo de nuestra raza una grande y diversa familia; sin olvidar, para tener la historia completa, una de las teorías científicas mejor demostrada, la evolución, que nos lleva hasta un origen común de todas las especies que habitan la tierra y, como dijera Carl Sagan, “todos somos polvo de estrellas”, considerando que los elementos que nos conforman se han creado dentro de estrellas que existieron millones de años atrás y volveremos a formar parte de otros astros. Si intuimos y confirmamos que todos tenemos un origen único y que estamos más unidos de lo que pudiéramos creer, ¿por qué ir contra la corriente de lo que nos dice el corazón y la ciencia?, ¿por qué fomentar lo peor que tenemos cuando poseemos tantas cosas buenas? Yo diría, sigamos la utopía, pero una utopía científica, realista y alimentada por valores, valores respetuosos de los derechos civiles. Sabemos que estamos deseosos de algo mucho mejor y solo compromisos personales y grupales nos pueden ayudar, pensemos que estar todos unidos es un ejercicio que dará grandes resultados para nuestro bien y el bien de las futuras generaciones. La unidad sustentada por ese cuarteto de valores no es el fin sino el medio para que lleguemos a ser algo superior, algo mejor de lo que ahora somos, avanzando hacia el futuro sin retrocesos de ningún tipo, cambiando para mejor haciendo uso de nuestra empatía y razón, cobijados en todo momento por la dignidad y el bien hacer de todos en todo, en cualquier momento.
Un hombre trabajado por el tiempo, un hombre que ni siquiera espera la muerte". Borges
jueves, 2 de enero de 2020
Un clamor por nuevos y mejores días. Manifiesto del Teseracto Gonfalón
UN
CLAMOR POR NUEVOS Y MEJORES DIAS
MANIFIESTO DEL TESERACTO GONFALÓN
Por: Alejandro Flores Fernández
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