TRAS VIVIR MUCHOS AÑOS
ALEJANDRO D. FLORES
FERNÁNDEZ
El estado natural de las cosas es el
cambio, y el ser humano no escapa de ese principio básico. Desde que estamos en
el vientre cambiamos hasta ser lo que debemos ser, según nuestra herencia
genética y nuestro ambiente. Dentro de esos cambios y etapas del desarrollo y
de la vida pasamos necesariamente por dos etapas de vulnerabilidad, por dos
etapas en las que somos frágiles y necesitamos mucho de los demás, estas etapas
son la infancia y la vejez.
Educativamente
se ha hecho algo con respecto a la infancia, la pedagogía se ha alimentado de distintas
disciplinas y distintos métodos. El arte de la educación, a pesar de los
obstáculos, sus terribles deficiencias y arbitrariedades, ha estado desde hace
tiempo tratando y esforzándose por hacer de esos pequeños seres, que apenas se
introducen a la vida, seres capaces de conocer, de hacer, de convivir con los
demás, y lo más importante, seres capaces de conocerse y ser ellos mismos.
Pero
educativamente que se ha hecho con aquellos que, tras vivir muchos años, tienen
las mismas necesidades y asumen otras nuevas. No es suficiente con intentar
alfabetizarlos o que completen su formación escolar, ya que muchos de ellos
podrían no estar interesados en alfabetizarse o seguir con sus estudios. En el
tema educativo hay que dar pasos por diferentes caminos si queremos que la
educación cumpla su cometido que es la transmisión de conocimientos,
transformar a partir de ellos; en el caso de los adultos viejos la educación
debe tomar otros caminos no educando o capacitándolos sino educando a la
sociedad en beneficio de los mismos. Es triste decir que la sociedad en la que
vivimos subestima y aparta demasiado a esas personas que, como dijera Erikson,
“están en la etapa de reconocer sus errores y virtudes, están en la etapa de la
sabiduría”. Nosotros sabemos que relucen de experiencia y sabiduría, que han
recibido poco, y entre ese poco, eufemismos tales como “adulto en plenitud” o “adulto
mayor”.
La
palabra viejo no es la que ofende o agravia a la gente, lo cierto es que las
palabras adquieren de la sociedad su significado y significados más profundos,
en si, la palabra viejo no es una palabra equivocada pero que sin embargo la
sociedad la ha teñido, por decirlo así, de un matiz despectivo que no es
gratuito ya que el idioma es cultura, y la nuestra es una que no ha superado
diversos temas que deberían ocuparnos, en este caso, la vejez que si bien es
algo natural en el ser humano, sufre un rechazo que ha provocado males, más aún
a la gente que no tiene el respaldo de una familia generosa y preocupada.
Debemos entender, que el eufemismo es un síntoma del rechazo a la etapa de la
vida en la que el ser humano es rico en experiencias, en vivencias, pero en la
que irremediablemente el cuerpo se debilita.
En
México estamos en una etapa que llamo de lozanía. Esto porque en muchas
expresiones sociales y culturales, políticas y económicas, la juventud se
impone. Me baso en que actualmente, ninguna empresa y ningún particular contrata
a adultos viejos, son muy modestos e injustos los trabajos que pueden
conseguir, hay políticas bancarias que impiden claramente hacerles prestamos;
políticamente la gente mayor tiene menos posibilidades de ocupar puestos
públicos, los políticos se han preocupado en mostrar juventud y belleza en
lugar de argumentos y experiencia, las políticas públicas no han abordado debidamente
el asunto de la vejez la muestra es que todavía hay viejos desprotegidos; en
cuanto a lo que respecta a la cultura, podemos hablar de una cultura de medios,
ya que los medios de difusión tienen un papel muy importante en la cultura
general de una sociedad, y en la nuestra podemos afirmar que, en gran medida,
la televisión ha sido la responsable de alejar a la vejez de lo cotidiano y
cuando la aborda no siempre es de una manera grata, ya que a veces es sólo un instrumento
meramente humorístico. Inequívocamente las dos televisoras más importantes en
el país, se involucran demasiado con la juventud (aunque mostrándola con
actitudes, lenguaje e imágenes lejanas a la realidad) por otro lado, no tienen una
programación que aliente al buen trato y a mejorar la relación social con la
vejez, incluso no hay un solo programa que este dirigido abiertamente a la
población que nos ocupa, sino que está plagada de programación poco inteligente
donde la humillación, el chisme, el humor negro y la burla son los medios de
entretenimiento por excelencia. Tristemente la sociedad se alimenta
constantemente de eso, el pan de cada día aparta a la vejez, imposibilitándole
un papel protagónico o por lo menos uno honorable como debería ser.
Con
los instrumentos de la educación, ¿qué se puede hacer?
Yo
seguiré un punto que, a mi parecer, es determinante en todo esto. La imagen,
pues en muchos aspectos la imagen lo es todo, cambiar la imagen de la vejez es,
asociarla con ideas, que si bien no son nuevas, son justas y capaces de crear
caminos menos accidentados y ascendentes.
Cambiará
la imagen de la vejez cuando las instituciones y los medios la aborden con un
claro respeto. Inevitablemente los medios son instrumentos masivos de difusión
de ideas, que aun estando fuera del artículo tercero, es importante que se les
exija tomar estos temas abierta y responsablemente; cuando en las escuelas, que
intentan involucrar a los padres de familia en la educación de sus hijos,
involucren también a los abuelos como narradores de experiencias y de la
historia, hay diversidad de actividades y temas en los que la participación de
los abuelos puede ser muy útil. Es importante crear en la mente de la infancia,
de la juventud y de los adultos jóvenes y medios, a través de la educación
formal e informal una imagen del adulto viejo, capaz de conciliarse con el sabio
consejo, con la honestidad, con el valor de las cosas, con el esfuerzo, con la
corrección de los errores y la disculpa, es decir, con lo mejor del ser humano
que sin duda los adultos viejos poseen.
Resarciendo
la imagen entonces, dentro de los grupos sociales y de diversas instituciones,
será más fácil para ellos desarrollar esas características que poseen para
integrar su identidad, personalidad y su relación con el medio. Es bueno para
todos nosotros manejar esa imagen, muy real del adulto viejo, que tiene mucho
que dar aunque la sociedad les ha dado muy poco. Nosotros debemos abrirles las
puertas, permitirles construir y seguir construyendo, seguir alimentando a la
sociedad.
Abrirles
las puertas para permitirles seguir construyendo nos obliga a que como sociedad
se haga una apreciación de las capacidades y valores que pueden brindar y
desarrollar. Con la ayuda debida, ellos podrán abrir espacios culturales y
laborales donde interactúen con diversos sectores sociales. Ellos pueden
organizar conferencias en casas de cultura, crear espectáculos, exposiciones de
diversos temas, impartir cursos y talleres
en los que, aprovechando su experiencia laboral, puedan enseñar diversos
oficios, a los adultos jóvenes o a ellos mismos ya que los adultos viejos de ninguna
manera están imposibilitados de aprender un oficio que posiblemente pueda
reintegrarlos a la vida productiva. Hay muchos adultos viejos que aún tienen la
energía que les permite impulsar o practicar algunos deportes, en este sentido
pueden organizarse programas que construyan espacios deportivos, donde se
practique deportes que no amenacen la integridad física de los adultos viejos
como la gimnasia, yoga, caminata o la natación. El verse involucrados en
diversas actividades ayudará a los adultos viejos a sentirse integrantes de la
sociedad, a sentirse útiles y eso es sano para la sociedad y, sobretodo, sano
para ellos pues se relaciona claramente con su salud física y mental.
Alguien
podría decir, que todo lo que se ha mencionado ya se está practicando, sin
embargo yo digo que no es suficiente ya que no han actuado todos los que
podrían y deberían hacerlo. Nuestra realidad muestra que todavía hay adultos
viejos que son olvidados, abandonados, enclaustrados dentro de sus casas o en
algún lugar dedicado a la vejez como los asilos, donde no se garantiza el buen
trato; el brindarles oportunidades laborales no significa tenerlos de cerillos
en los supermercados, o vendiendo gorditas en la calle, vendiendo plantas de
casa en casa o sentados en alguna banqueta todo el día ofreciendo verduras o
dulces para obtener nada o casi nada.
Hay
diversidad de instituciones que pueden hacer mucho por las mujeres y los
hombres que son adultos viejos. Estas instituciones tienen capacidad jurídica e
infraestructura, así mismo recursos y capacidad de gestión para aprovechar las
capacidades de los adultos viejos, tales como el Gobierno Federal, del Estado y
gobiernos municipales, lo mismo se puede esperar del Instituto de Pensiones y las
empresas. Pero
ellas no harán nada si en las entrañas de la sociedad el adulto viejo es visto
como una carga. Cuando los ciudadanos despertemos y demos a los adultos viejos
una imagen de dignidad, de sabiduría y oportunidad, entonces las cosas mejorarán
para bien. Mucho se ha dicho de que la infancia es el futuro de México, yo
diría que los adultos viejos son nuestro presente y nuestro pasado,
conciliarnos con el pasado y ocuparnos de él en el presente, es aceptarnos a
nosotros mismos como seres mortales, que pasamos por la vida en un corto tiempo,
es nuestro deber apreciar el pasado, construir el presente y a la vez mejorar
el futuro. Dignificar todas las etapas de la vida que si bien no todas tienen
características agradables son un paso que no podemos evitar. Aceptar lo que
somos y trabajar en ello es relacionarnos con la realidad, el ver la realidad
de las cosas nos da mayores retos pero, a la vez, excelentes oportunidades para
ser mejores personas y no avergonzarnos de lo que somos y de lo que podríamos
ser al paso del tiempo.
A
los que somos adultos jóvenes o medios, hay una frase que dice:”quien no ha
recorrido tu camino no sabe tu sentir”, no esperemos a ser viejos para darnos
cuenta de que hemos sido injustos con la vejez y que correspondía actuar en su
debido tiempo.